Una exposición y un documental reconstruyen, a partir de fotografías de archivo y testimonios de costureras locales, la evolución del traje típico sonsoneño y rinden homenaje a las mujeres que lo han confeccionado durante décadas.

Sonsón cuenta desde esta semana con un nuevo capítulo de su memoria cultural. Se trata de una investigación sobre la evolución del vestuario tradicional del municipio, resultado de una alianza entre la Alcaldía de Sonsón y la Institución Universitaria Pascual Bravo, que ya tiene dos productos concretos: una exposición de vestuario a escala 1/4 y el documental Las puntadas del maíz, presentado a la comunidad durante la noche de apertura de la Fiesta del Maíz.

Un proyecto nacido de un reencuentro con Sonsón

La investigadora detrás del proyecto es Rocío Torres, diseñadora de modas y magíster en gestión cultural, quien trabaja en la línea de investigación de cultura, patrimonio y artesanía del Pascual Bravo. Torres explicó que la idea surgió de un vínculo previo con el municipio: en 2021 participó allí en otra exposición, también producto de un proceso investigativo, y en ese encuentro conoció a un funcionario de la Secretaría de Cultura que le mostró el trabajo textil de la región y le propuso indagar sobre el vestuario local.

De esa conversación nació la propuesta que el Pascual Bravo presentó a su convocatoria anual de financiación de proyectos de investigación. El proyecto arrancó el año pasado, aunque su ejecución se extendió por los trámites propios de este tipo de convocatorias, hasta materializarse este año en los productos que ya empiezan a circular.

El vestuario como memoria viva

Para Torres, Sonsón es uno de los pocos municipios donde el ejercicio de vestirse para las fiestas y desfiles se asume con un cuidado casi ceremonial. La investigación analiza el vestuario como un artefacto de cultura material e identidad, capaz de mostrar cómo el pueblo ha representado, a través del tiempo, lo que es.

«El hecho de que las personas se preocupen por portar en el cuerpo la tradición de Sonsón es muy importante», señaló la investigadora, para quien ese cuidado colectivo por el traje típico es, en sí mismo, un hecho cultural digno de estudio.

Costureras y modistas, las protagonistas

Uno de los objetivos centrales del proyecto es visibilizar a las mujeres que, durante generaciones, han sostenido con su oficio la tradición del vestuario típico sonsoneño. Torres destacó la creatividad, el conocimiento empírico y la resiliencia de las costureras y modistas del municipio, sin cuyo trabajo —dijo— no sería posible ver a tanta gente vestida desfilando por las calles del municipio con tanto orgullo.

«Es un homenaje a ese quehacer, a estar detrás de una máquina de coser procurando que quede impecable cada una de las piezas», explicó Torres, quien resaltó que se trata de un trabajo que rara vez es reconocido, pese a estar detrás de cada vestido que alguien más luce en público.

La Secretaría de Cultura de Sonsón entregó a la investigadora el listado de costureras del municipio y, a partir de una convocatoria abierta, tres de ellas se vincularon activamente al proyecto: Gloria Ríos, Gloria Arenas y Alba Marina.

Archivos familiares y memoria fotográfica

La reconstrucción histórica del vestuario se hizo a partir de una recopilación de fotografías de archivo de la Secretaría de Cultura, del Museo Casa de los Abuelos y de colecciones familiares. Entre los aportes más significativos estuvieron los de la familia de Conchita Gómez, reina del maíz en su momento; los de Silvia, quien fue princesa del certamen; y los de la familia del historiador Rafael Toro, cuya esposa conservó vestidos de la década de los setenta.

En ese archivo familiar y comunitario, el equipo investigador identificó formas, siluetas, cuellos, volúmenes, telas y acabados que permiten trazar la evolución técnica del traje típico.

De la manualidad a los insumos industriales

Uno de los hallazgos que más destaca Torres tiene que ver con las técnicas de confección. Antes de la llegada de insumos industriales como los elásticos, las costureras hacían túneles de tela para pasar cordones, e incluso pitillos de tela para lograr los recogidos.

Prendas como los liencillos, dijo, se elaboraban a mano mediante crochet o macramé, y las flores se bordaban en punto de cruz o con hilo. Con el paso del tiempo, buena parte de esa manualidad fue reemplazada por insumos industriales —cintas, encajes y liencillos comerciales— más duraderos, aunque, según Torres, todavía costosos. Aun así, algunas prendas conservan los bordados con cinta e hilo, y las bordadoras de la memoria mantienen viva esa tradición, ahora orientada también a ejercicios de memoria y reconciliación.

Las ruanas, prenda indispensable del vestuario sonsoneño, fueron otro eje de la investigación gracias al taller de doña Luz Meri, quien elaboró varias de las piezas exhibidas en la muestra.

Un proyecto de fuente directa

Torres subrayó que la investigación se hizo «yéndose a la fuente»: conversando directamente con las artesanas, revisando archivos familiares y trabajando de la mano de la comunidad. El proyecto contó también con la participación de la profesora Luisa Fernanda Hernández y del antropólogo Pablo Andrés Muñoz, quien dirigió junto con Torres el documental Las puntadas del maíz.

Qué sigue

Tras su circulación inicial, el documental será entregado a los canales institucionales de Sonsón, particularmente al canal de cultura del municipio, para su difusión y como parte del archivo documental del proyecto. Torres adelantó además que, una vez tenga listos los artículos derivados de la investigación, buscará publicarlos a través de El Páramo, con el propósito de que el conocimiento generado tenga una verdadera devolución hacia la propia comunidad y no quede archivado.

«A mí me interesa que ustedes mismos puedan ver las cosas, puedan leer los asuntos sobre Sonsón, que los puedan reflexionar, que los puedan conversar y que eso tenga un eco en ustedes como municipio y como sociedad», afirmó la investigadora.