Con la iniciativa del padre Carlos Mario Álzate Ramírez, la iglesia de Nuestra Señora del Carmen restituyó las imágenes de Santa Teresita del Niño Jesús y San Luis Gonzaga, en un nuevo capítulo de la historia centenaria de este retablo neogótico
El pasado domingo 2 de agosto de 2026, tras casi una década permaneciendo cerrados, los nichos laterales del retablo mayor de la iglesia parroquial de Nuestra Señora del Carmen de Abejorral volvieron a abrirse, recuperando su función cultural y su configuración original. La iniciativa estuvo a cargo del actual cura párroco, el padre Carlos Mario Álzate Ramírez.
Las imágenes que regresaron a su lugar
En uno de los nichos fue entronizada la imagen de Santa Teresita del Niño Jesús, una talla de origen español que hasta el momento se custodiaba en la capilla del Erizo. En el nicho contiguo se restituyó la figura de San Luis Gonzaga, con una nueva talla, luego de que no fuera posible recuperar la imagen original, la cual permanece hoy en manos de particulares. La comunidad conserva la esperanza de que, en algún momento, esta pieza histórica pueda ser restituida al templo.
Un retablo con más de un siglo de historia
El retablo mayor de Abejorral es una obra neogótica tripartita, de estructura vertical y simétrica, característica de los altares mayores del siglo XIX. Su historia se remonta a 1923, cuando el padre Juan de Dios Gómez Restrepo encargó su construcción al arquitecto belga Agustín Goovaerts, una de las figuras más influyentes de la arquitectura antioqueña y autor de obras como el Palacio de la Gobernación de Antioquia y el Palacio Nacional de Medellín, junto con el decorador Luis Enrique Gallego Vélez. Así lo confirma una inscripción tallada en la madera, al lado de la epístola.
Goovaerts introdujo en la región el estilo neogótico, adaptado de la influencia francesa y combinado con formas inglesas, italianas y alemanas, que en Abejorral se fusionó con elementos neoclásicos para dar forma a un templo de gran riqueza visual y simbólica.
Durante las reformas realizadas entre 1925 y 1930, el interior del templo fue adaptado a este nuevo lenguaje estético: se incorporaron columnas, cúpula, sacristías, altar y órgano, además de un cielo raso metálico de tonos vivos, muy distinto al blanco que luce actualmente. En esa misma época se instaló en el retablo mayor la imagen de Nuestra Señora del Carmen, tallada en madera en los talleres de la viuda de Reixach-Campanyà, en Barcelona, España.
Las transformaciones del Concilio Vaticano II
En la década de 1960, durante los curatos de los padres Octavio Giraldo Gómez y Héctor Alonso Urrea Hernández, el templo fue adaptado conforme al espíritu litúrgico promovido por el Concilio Vaticano II, bajo el papado de Pablo VI.
Estas reformas incluyeron el retiro del expositorio del retablo, la desaparición del púlpito y el comulgatorio, el traslado del altar del ábside al transepto bajo el cimborrio, y la reubicación del bautisterio a la entrada del templo. También desaparecieron varias imágenes de culto en ese periodo. No se tienen datos precisos sobre la fecha exacta en que los nichos laterales fueron clausurados. La comunidad mantiene la esperanza de que, algún día, el expositorio original también pueda ser restituido, pues algunas de sus partes aún se conservan en el templo.
El redorado de 2024 y el camino hacia hoy
En 2024, bajo el curato del padre Gildardo Marín, se realizó el redorado del retablo, devolviéndole su brillo original y resaltando los detalles de la talla policromada. En esa intervención se incorporaron también dos luminarias y dos ángeles en actitud de adoración, ambos donados por la comunidad.
Memoria viva de Abejorral
Testigo de reformas, cambios estéticos y generaciones de devoción, el retablo mayor sigue siendo el corazón espiritual y artístico del templo. Su reapertura constituye un motivo de orgullo para la comunidad, pues refleja el compromiso permanente con la protección, conservación y puesta en valor del patrimonio religioso y artístico de Abejorral, así como con el legado arquitectónico de Agustín Goovaerts, quien transformó la arquitectura antioqueña con su visión europea y su sensibilidad local.