Por Luz Marina Toro Osorio

El 31 de octubre de 1976, en la Catedral de Sonsón, Antioquia, el presbítero Javier Toro Osorio recibió la ordenación sacerdotal. Su primera eucaristía la celebró en el Santuario de Valvanera, el lugar que años más tarde se convertiría en escenario de su ministerio.

Comenzó así un camino de entrega a Dios y a las comunidades que, cinco décadas después, se traduce en una trayectoria marcada por la fe, el servicio pastoral y la realización de obras que han dejado huella en distintos lugares de la región.

Sus primeros años de servicio transcurrieron en Nariño y Puerto Venus, Antioquia. Allí impulsó iniciativas de carácter social y educativo, entre ellas la creación del CBA Hogar San José, y la fundación de la parroquia, el colegio y el templo de Pueblo Nuevo, Caldas.

En Sonsón, su compromiso con la educación lo llevó a trabajar en la Casa San Rafael, donde promovió la reconstrucción de sus instalaciones y fundó el primer Centro Regional de Educación a Distancia (CREAD) de la Universidad Nacional Abierta y a Distancia (UNAD).

Su vocación de servicio estuvo acompañada también por la formación académica. Entre 1986 y 1988 viajó a Roma, donde obtuvo la licenciatura en Derecho Canónico y se especializó en arte y decoración sacra.

Durante los años siguientes, su ministerio lo llevó por diferentes comunidades de Rionegro, Marinilla, El Retiro y San Luis, en Antioquia. Su labor pastoral estuvo siempre acompañada del interés por fortalecer las comunidades y contribuir a su desarrollo.

En 2014 regresó al Santuario Diocesano de Nuestra Señora de Valvanera, esta vez como rector, responsabilidad que ha desempeñado hasta 2026. Durante esta etapa contribuyó al reconocimiento diocesano del santuario, impulsó la construcción de la cripta y la adquisición y adecuación de una casa para el monasterio sacerdotal. También presentó los estatutos para el funcionamiento del santuario y promovió la creación del Senior’s Club Años Dorados, en compañía de sus socios. Participó, además, en la creación del Tribunal Eclesiástico Diocesano, donde actualmente ejerce como juez.

Con motivo de esta celebración, desde Canadá su sobrino Juan David, su esposa, Alina Mejía, y su hija, Amalia, se unen a su familia y le expresan a Javier su reconocimiento y gratitud por una vida de entrega y compromiso con la misión que Dios le encomendó.