Capítulo 42|Nuestra paz no reside en los hombres

1.Hijo, si la paz tuya la esperas de una persona porque tus sentimientos así te lo sugieren o por el placer de estar con ella, siempre tendrás inestabilidad y dificultades. Mas si acudes a la verdad, siempre viva y permanente, no te entristecerás por el amigo que se ausenta o muere.

El amor hacia el amigo debe fundamentarse en mí, y por amor a mí se debe querer al que en esta vida te parece bueno y muy amable. Sin mí no vale ni durará la amistad, ni es verdadero ni puro el amor del que yo no soy lazo de unión.

Por lo que a ti toca, tendrías que ser tan insensible a tal género de sentimientos hacia los amigos que deberías preferir vivir privado de todo contacto humano.

Cuanto más el hombre se aleja de todo gusto terreno, tanto más se acerca a Dios. Y tanto más se eleva hacia Dios cuanto más profundamente baja en la consideración de sí mismo con la convicción de que nada vale.

Lea también: Señor, somos como ciegos y la vanidad nos engaña fácilmente

Fuente: Tomas de Kempis. La Imitación de Cristo. Edición Paulinas.

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