18. Esta gracia es una luz sobrenatural, un don especial de Dios y, propiamente, la señal de los elegidos y la prenda de la salvación eterna. Ella eleva al hombre de lo terrenal para que ame lo celestial y lo transforma de carnal en espiritual.

De manera que, cuanto más se refrene y se venza a la naturaleza, tanto mayor será la gracia infundida, y así, por medio de nuevas y continuas manifestaciones divinas, el hombre interior se irá transformando según la imagen de Dios.

Lea también: La gracia no se preocupa de aprender novedades y curiosidades

Fuente: Tomas de Kempis. La Imitación de Cristo. Edición Paulinas.