En Sonsón no se vive, se muere

Todo el que tenga vínculos con Antioquia o Colombia es de conocimiento la pujanza y gentileza de la gente Antioqueña y de la colonización «Paisa” hacia el Sur del departamento y del país pasando por Sonsón.

Sonsón es casi una añoranza, un recuerdo, algo maravilloso, tiempos de soleada juventud, de embriagadoras tertulias, de cálidas visitas en gigantes patios llenos de novios, besitos, cortejos, geranios;  flotando en el aire el aroma de bruma celestina.

Sonsón, cabalgatas en las fiestas del maíz, reinado y música, flores y risas, amigos y esperanzas.

Esperanzas frustradas después de mucho dolor, terremotos, derribamiento de la hermosa catedral donde se destruyeron las ilusiones de varias generaciones con el fin de “salir adelante” en medio de la pobreza y el abandono; los que pudieron viajaron y los que no pudieron viajar se quedaron para sobrevivir entre las ruinas de un pasado glorioso, el cual, se necesita más que voluntad y cuatro personajes, que el peso de su anhelos  no los deja creer que podían levantar la sociedad aterrorizada por los episodios de la violencia, traumatizada, desplazada, confundida, abusada.

En Sonsón no se vive, se muere constantemente, día a día se destruye el patrimonio cultural sacando escombros de las casas de bellos patios de ayer para convertirlas en inquilinatos oscuros o bodegas para almacenar productos del campo, deteriorando el paisaje, arrasando el bosque nativo e invadiéndolo con monocultivos que nada tienen que ver con la vocación campesina de la región.

División y desconfianza son los frutos de esta cosecha, donde: “El que más saliva tiene más traga”,  “El pez más grande se come al chico”,  y en “Tierra de ciegos el tuerto es Rey”.

Fue lo que siguió,  una invasión de personajes comprando lo que el horror dejó a muy bajo precio e instalándose en un nuevo territorio con una nueva mentalidad indiferente a las fundaciones de Sonsón.

Hoy Sonsón sufre el presente y llora el pasado. Son pocas las personas que quedaron de estás vivencias exitosas y viven tirándose unos a otros como miembros de una familia que no comulgan con las raíces en las que está cimentada esta sociedad, son tan pocos los que quedan, qué para su progreso es necesario una nueva colonización, un número mayor de ciudadanos que engrose las cifras de las “normas” para tener derecho a ciertos privilegios cómo un medio de transporte eficaz y eficiente para el hombre y la naturaleza que tenemos en estos cañones; un hospital de mayor categoría; viviendas en buen estado; la vía a Medellín cada día está peor, es urgente prestarle atención y permitir que otras empresas presten un buen servicio.

Aún continua erguida su Catedral, su humilde ilusión esta enterrada en el tiempo. Es preciso unirse en un objetivo común y ya no mirarse tanto unos a otros, sino, mirar al cielo y tomados de la mano trabajar por vuestras ilusiones, levantar nuevamente vuestra Cátedral como comienzo de una esperanza, de un nuevo Sonsón que resucita.

Por: Mercedes Espinosa de Pombo

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