El museo, ubicado en una vivienda tradicional de finales del siglo XIX, conmemoró siete décadas de existencia con un acto especial en el que participaron autoridades locales, entidades culturales y la comunidad sonsoneña.

La Casa de los Abuelos, uno de los patrimonios culturales más entrañables de Sonsón, celebró el pasado 25 de julio sus 70 años de existencia. La conmemoración incluyó una eucaristía, un almuerzo especial y un evento cultural en el que se compartió, según sus gestores, «la felicidad de cumplir 7 décadas preservando la memoria y la identidad de Sonsón y la región».

Los actos se realizaron en el marco del proyecto «Conmemoración de las bodas de titanio del Museo Casa de los Abuelos de Sonsón: 70 años de vida museal, contribuyendo a la gestión cultural desde la salvaguarda, protección y difusión del patrimonio mueble colombiano», iniciativa ganadora de la Convocatoria Departamental de Museos 2026 del Instituto de Cultura y Patrimonio de Antioquia.

A la celebración se sumaron, entre otras entidades, la Administración Municipal de Sonsón, el Concejo Municipal, la Sociedad de Mejoras Públicas, la Fundación ProSonsón, el canal de televisión local Sonsón TV y la Dirección Técnica de Cultura y Patrimonio.

Un museo que nació sin actas ni actos solemnes

A diferencia de muchas instituciones culturales, la Casa de los Abuelos no surgió de una fundación formal ni de un acto protocolario, sino del civismo y la pasión de un solo hombre: el doctor Alfredo Correa Henao, promotor y creador del museo, quien soñó con un espacio que preservara los objetos y la memoria de los antepasados sonsoneños.

La idea nació durante una Fiesta del Maíz, cuando el doctor Correa, movido por su amor por la historia y las tradiciones locales —e inspirado también por experiencias similares que había conocido en Medellín—, la compartió con un grupo de amigos. De esa conversación surgió el propósito de crear un espacio que llevaría por nombre Casa de los Abuelos. Correa Henao reunió entonces a un grupo de colaboradores que comenzó a recolectar muebles, utensilios y herramientas antiguas representativas de la vida cotidiana de los abuelos antioqueños.

La Sociedad de Mejoras Públicas de Sonsón fue clave en este proceso: la entidad adquirió una casa antigua para albergar las piezas recolectadas y, con el apoyo de un grupo de voluntarios, dio inicio a la organización de la colección. Con el paso del tiempo y el crecimiento del acervo, fue necesario comprar una segunda vivienda contigua, cuya remodelación llegó a convertirse en tema de tesis de grado para estudiantes de arquitectura de la Universidad Pontificia Bolivariana.

«Así se creó la Casa de los Abuelos, con gran espíritu cívico y amor por Sonsón», recordaba el maestro Pablo Jaramillo Jaramillo, quien junto a un grupo de jóvenes voluntarios ayudó a montar la colección, clavar los cuadros y ordenar los objetos bajo la guía del doctor Correa Henao.

El museo tuvo su primera exhibición pública precisamente en una Fiesta del Maíz, donde los visitantes pudieron admirar objetos domésticos, herramientas de labranza, utensilios de cocina y piezas que evocan la historia rural del municipio. Con los años, el proyecto inspiró otras iniciativas cívicas, como la creación de un hotel administrado también por la Sociedad de Mejoras Públicas, concebido igualmente como una obra de servicio para la comunidad.

Una casa conservada tal como era

De acuerdo con el testimonio del historiador Rafael Iván Toro, vinculado a la institución desde sus primeros años, la vivienda original —hoy ampliada con alas anexas— se mantuvo tal como estaba, con las reformas mínimas indispensables: se intervinieron los pisos de los corredores, que estaban deteriorados, mientras que el patio y la huerta se conservan en su estado original. Entre los elementos añadidos posteriormente está la pila central, inspirada en la de la Catedral, obra también atribuida al maestro Jaramillo, quien acompañó de cerca el desarrollo del proyecto.

Tras la adquisición del inmueble se conformó una junta directiva para la Casa de los Abuelos, que además del propio doctor Correa Henao integraron, entre otros, el doctor Daniel Franco. Bajo su impulso nacieron los primeros programas de la institución, como la celebración del mes de mayo y la novena de Navidad, actividades pensadas para recaudar fondos destinados al sostenimiento de la casa.

Toro destacó también la labor de personas como Raquelita Cano, quien dedicó gran parte de su vida al cuidado del museo, atendiendo visitantes y velando por las colecciones «más por vocación que por lo que le pudieran pagar», en una época en que los recursos de la institución eran muy limitados.

Una ventana a la vida sonsoneña de finales del siglo XIX

Para Toro, el valor del museo radica en que permite entender cómo vivían los habitantes de Sonsón a finales del siglo XIX y comienzos del XX: en su mayoría, familias de campo o comerciantes con fincas, en una época en que las labores cotidianas giraban en torno a la crianza de animales y el trabajo rural.

La estructura de la vivienda, explicó, respondía a una organización espacial muy definida. La primera zona, alrededor del patio central, correspondía a las habitaciones familiares, la sala de recibo, el comedor y el costurero: un área que, en la práctica, era el territorio doméstico de las mujeres de la casa, quienes salían poco más allá de la misa o de hacer diligencias.

Un segundo patio, al que se accedía por el zaguán —con su portón y contraportón, que regulaban quién podía entrar a la vivienda—, era el espacio de los hombres: allí estaban el cuarto de herramientas, el de monturas y el taller donde se hacían las reparaciones y el trabajo pesado.

Según Toro, conservar una casa como esta, donde ya no vive nadie y donde muchos de los objetos han perdido su uso original, tiene un sentido que va más allá de lo funcional: «aquí no hay que explicar mucho, hay que venir. Con solo abrir los ojos y mirar, uno se da cuenta de ese pasado que se guarda aquí», señaló, al subrayar que se trata de una experiencia que no puede reemplazarse por ningún medio digital.

Una «familia museal» de 70 años

Durante el acto central de la celebración, la representante legal del museo, María Gabriela Grisales, describió a la institución como una «familia museal» numerosa, comparable a las familias tradicionales antioqueñas de antaño. Según explicó, esa familia está conformada por distintos grupos: la Asamblea General, integrada por quienes se han vinculado al museo desde diferentes saberes y disciplinas; la junta actual encargada de la administración; y los benefactores, entre entidades y personas naturales.

Entre las entidades benefactoras mencionó a la Sociedad de Mejoras Públicas, la Alcaldía Municipal y el Concejo Municipal, cuyo respaldo ha permitido sostener económica y administrativamente la casa durante siete décadas. Entre las personas, destacó el trabajo de voluntarios y colaboradores que han aportado tiempo, conocimiento o recursos: el seguimiento constante a la conservación de tejas, ladrillos, techos y pintura; el apoyo en obras de infraestructura, como la construcción de un muro que representó una inversión superior a los 35 millones de pesos; la donación de servicio de internet durante los últimos seis años por parte de Servicoops; y el trabajo de arquitectos, gestores culturales y comunicadores que han contribuido, entre otras cosas, a la creación de la sala arqueológica del museo y a su visibilización en redes sociales a través de medios locales como El Páramo.

La representante del museo también reconoció el papel de la comunidad sonsoneña en general —vecinos y habitantes del municipio— como parte esencial de esa «familia museal», al considerar que sin su respaldo la institución no habría podido sostenerse durante siete décadas.

Un patrimonio vivo para Sonsón, Antioquia y Colombia

El evento estuvo acompañado por Isabela Arenas Blandón, reina del maíz 2025, y Sebastián Yarce, quienes condujeron la presentación cultural especial preparada para la ocasión, en la que se destacó el papel de los museos como custodios de la memoria y la identidad de los pueblos.

Con 70 años de trabajo ininterrumpido, la Casa de los Abuelos se consolida como uno de los referentes del patrimonio arquitectónico y cultural del suroriente antioqueño. En su arquitectura —tapia, bahareque, techos de teja, patios centrales y huertas— y en sus colecciones conserva un testimonio directo de la vida rural y doméstica de la Antioquia de hace más de un siglo, y sigue abierta al público todos los días, excepto los lunes, manteniendo vivo el legado de sus fundadores.