La Parroquia Jesús Nazareno cierra este 13 de septiembre diez días de celebración en torno a una imagen traída desde Jamaica que ha acompañado la vida religiosa del municipio antioqueño por más de 250 años.
Este domingo culminaron las Fiestas Patronales que desde el pasado 4 de septiembre convocaron a la comunidad de Rionegro en torno a una de las devociones más antiguas del Oriente antioqueño: la imagen de Jesús Nazareno, patrono de la parroquia que lleva su nombre. Diez días de jornadas religiosas y comunitarias que este año se realizaron bajo el lema «Dios bendice a los que confían totalmente en Él, pues ellos forman parte de su Reino» llegan hoy a su cierre.
La historia de la imagen: cómo llegó desde Jamaica hasta Rionegro
La imagen que hoy preside el templo de Rionegro es una talla colonial de madera muy venerada, conocida popularmente entre los fieles como «el Jamaiquino», en referencia directa a su lugar de origen. Su historia documentada se remonta a la época colonial, cuando fue traída desde Jamaica por Pedro Gutiérrez de Lara hasta el entonces poblado del Oriente antioqueño.
En poco tiempo, el Cristo llegado de Jamaica ganó una gran devoción entre los rionegreros, al punto de que la imagen dejó de ser una talla más dentro de un templo compartido y pasó a tener capilla propia, dedicada exclusivamente a su veneración desde comienzos del siglo XVIII. Ese salto —de pieza recién desembarcada a advocación con culto propio en apenas unas décadas— es, según los cronistas del patrimonio antioqueño, la mejor prueba de la rapidez con que la imagen se apropió del imaginario religioso local.
La leyenda del hallazgo
Junto al registro histórico, en Rionegro circula desde hace generaciones una leyenda —transmitida por tradición oral— que explica de manera más narrativa cómo llegó la imagen a manos de Pedro Gutiérrez de Lara. Se trata de un relato popular, no de un hecho documentado, pero que forma parte inseparable de la devoción al Nazareno en el municipio.
Según esa tradición, el acaudalado viajero antioqueño se hospedaba en un hotel en Jamaica cuando comenzó a escuchar, noche tras noche, extraños lamentos que parecían provenir de algún lugar cercano a su habitación. Intrigado, decidió averiguar de dónde salían esos quejidos y descubrió que el propio dueño del hotel flagelaba a diario, en secreto, una imagen de Cristo, en cumplimiento de una supuesta obligación o promesa que había hecho tiempo atrás.
Conmovido por la escena, Gutiérrez de Lara le propuso al hotelero comprarle la escultura. El dueño aceptó, pero puso una condición insólita: pagaría el precio exacto del peso de la imagen en oro. Cuando se hizo la pesada, la cifra resultante equivalió a 30 monedas, un número que la tradición no deja pasar por alto, pues remite directamente a las treinta monedas de plata con las que, según los evangelios, fue pagada la traición de Judas contra Jesús.
Con la escultura ya en su poder, el viajero antioqueño la trajo consigo hasta Rionegro, donde desde entonces reposa en la iglesia que lleva su nombre, en el sector conocido como «Alto de la Capilla». Sea cual sea el origen exacto —el dato histórico de la compra en Jamaica o los detalles más legendarios de los lamentos, el hotelero y las treinta monedas de oro—, ambas versiones convergen en el mismo desenlace: una imagen traída desde el Caribe que, más de 250 años después, sigue siendo el centro de la devoción religiosa de todo un municipio.
Ese arraigo temprano quedó documentado en hechos concretos. En 1753, apenas décadas después de la llegada de la imagen, el jesuita Melchor Gutiérrez de Lara —hermano de Pedro, el hombre que la trajo al pueblo— dejó un cuantioso legado al templo. No se limitó a una donación simbólica: también dispuso una renta de manutención destinada específicamente al cuidado de la talla, para que se conservara «limpia de bichos y alimañas impías», según consta en el inventario del patrimonio cultural de Antioquia. Ese detalle, casi doméstico, revela el nivel de cercanía y cuidado personal que los primeros devotos tuvieron con la imagen desde su llegada a Rionegro.
Con el correr de las décadas, la devoción por Jesús Nazareno dejó de ser un culto de familia o de cofradía para convertirse en un fenómeno colectivo que trascendió generaciones. La pequeña capilla original resultó insuficiente para albergar tanto fervor, lo que explica por qué, ya en el siglo XIX, la comunidad decidió emprender la construcción de un templo propio y de mayor tamaño —el que se conserva hasta hoy— exclusivamente para rendirle culto. Ese traslado de una capilla modesta a un templo neoclásico de tres naves no fue un simple cambio de infraestructura: fue la consecuencia directa del crecimiento de una devoción que, más de 250 años después de la llegada de la imagen desde Jamaica, sigue convocando cada septiembre a miles de fieles en las Fiestas Patronales de Rionegro.
Hoy la parroquia se refiere a ella como la «milagrosa imagen de Jesús Nazareno», una advocación que la comunidad rionegrera reconoce como propia desde el siglo XIX y que continúa siendo el corazón espiritual de uno de los templos más antiguos del Oriente antioqueño.
De capilla colonial a templo neoclásico
A comienzos del siglo XVIII se levantó una primera capilla dedicada a Jesús Nazareno, ubicada en una esquina de la plaza principal de Rionegro, en el cruce con la antigua Calle del Coliseo, sitio que con los años albergó otras construcciones emblemáticas del centro histórico. Esa capilla incluso llegó a funcionar como templo parroquial mientras se adelantaban reparaciones en la iglesia de San Nicolás, hoy Concatedral de San Nicolás el Magno.
Con el paso del tiempo, la pequeña edificación colonial no resistió el deterioro. Ya en el siglo XIX amenazaba con derrumbarse, por lo que los feligreses emprendieron la construcción de un nuevo templo en el Alto de la Capilla, a la entrada occidental de la población. Ese es el edificio que sigue en pie hoy, sobre la carrera 58 con calle 47, a cuatro cuadras del parque principal de Rionegro.
El templo actual, de estilo poco definido y característico del primer período republicano, combina elementos neoclásicos y barrocos: planta rectangular, techo a dos aguas y cimborrio octogonal. En su interior conserva tres naves, con la central más alta, y el retablo y altar mayor ubicados en el presbiterio, justo bajo el cimborrio.
Un templo bajo la Diócesis de Sonsón-Rionegro
La Iglesia de Jesús Nazareno pertenece a la jurisdicción eclesiástica de la Diócesis de Sonsón-Rionegro y hoy es reconocida como bien de interés cultural del municipio. La propia parroquia se describe como el lugar que alberga la milagrosa imagen de Jesús Nazareno desde el siglo XIX, convertida con el tiempo en un referente espiritual para miles de devotos del Oriente antioqueño.
Las Fiestas Patronales 2026 llegan a su fin
En el marco de esta tradición, la parroquia realizó del 4 al 13 de septiembre de 2026 sus Fiestas Patronales, con jornadas de celebración, oración y encuentro comunitario en honor a la imagen que ha marcado la identidad religiosa de Rionegro por más de dos siglos y medio. La jornada de hoy, domingo, marca el cierre de una programación que una vez más reunió a los devotos del Nazareno alrededor del templo del Alto de la Capilla.
Con información de la Parroquia Jesús Nazareno de Rionegro y registros del patrimonio cultural de Antioquia.