Las vacaciones son un tiempo necesario para el descanso y el cambio de actividad luego de un año —o de un periodo prolongado— de trabajo. Garantizarlas no es un lujo, sino un derecho fundamental, en la medida en que aportan bienestar, equilibrio emocional y salud mental a las personas.
Pero más allá del reposo, las vacaciones también permiten abrir la mirada. Viajar implica aprender de las culturas y tradiciones de los lugares que se visitan, interactuar con otras personas, observar el mundo desde otros ángulos y comprender realidades distintas a las propias. Es, además, una oportunidad para disfrutar de los productos, los servicios y la gastronomía local, así como para conocer la geografía, los límites territoriales y la riqueza natural del país.
Este año tuve la oportunidad de viajar al departamento de Córdoba, conocida como la capital ganadera de Colombia. Recorrer el paseo lineal del río Sinú fue una experiencia reveladora: observar los planchones que cruzan de un lado a otro transportando pasajeros, mientras jóvenes se lanzan al río desde pequeñas balsas, contienen la respiración, llegan al fondo y extraen latas de arena que luego suben a la superficie hasta llenar las embarcaciones. Una escena cotidiana que habla de subsistencia, ingenio y relación directa con el río.
La ciclorruta y el parque lineal a la ribera del Sinú se consolidan como uno de los principales atractivos turísticos de Montería. Allí conviven monumentos dedicados a personajes importantes de la historia y la cultura local, como el fundador de la ciudad, músicos, artistas y el general José María Córdova.
La visita continuó por la Catedral San Jerónimo, el mercado público —donde se encuentran productos y artesanías locales— y lo que queda del centro histórico. Sin embargo, esta zona de la ciudad parece atravesar una profunda crisis económica: viviendas abandonadas, locales comerciales cerrados o en arriendo y un evidente deterioro urbano que genera una sensación de abandono, similar a la que se percibe en ciudades golpeadas por largos periodos de estancamiento económico.
El recorrido también incluyó a Puerto Rey, el primer corregimiento de Córdoba cercano al mar. Este territorio, que en antaño fue un importante polo de desarrollo y conexión del departamento con el mundo, hoy enfrenta una grave amenaza: la erosión costera ha ido desapareciendo el territorio. Actualmente, apenas una pequeña comunidad de cerca de 279 personas y unas 70 viviendas permanecen en riesgo de perderse si no se actúa con prontitud. Incluso la vía principal que conecta a Córdoba con Antioquia se encuentra amenazada.
Puerto Rey marca el límite entre ambos departamentos y posee un enorme potencial turístico. En el vecino municipio de Arboletes, el volcán de lodo atrae a miles de visitantes que, tras sumergirse en este líquido gris y denso con múltiples propiedades naturales, finalizan su experiencia en las playas cálidas del mar Caribe.
Esta región de transición, donde confluyen Antioquia y Córdoba, es un espacio donde se mezclan costumbres, tradiciones y formas de vida. Un territorio de gran riqueza cultural y ambiental que exige ser mirado con mayor atención, cuidado y responsabilidad.
Viajar, entonces, no solo descansa el cuerpo: también interpela la conciencia y recuerda que conocer el país es un paso necesario para comprenderlo y protegerlo.