Con la Fiesta del Maíz camino a convertirse en Patrimonio Cultural Inmaterial del ámbito departamental, el municipio ya tiene sobre la mesa una hoja de ruta concreta: la Propuesta de Salvaguardia contenida en el Documento Técnico de Soporte del Plan Especial de Salvaguardia (PES), construida de manera participativa con la comunidad portadora. El documento no se queda en el diagnóstico de lo que amenaza a la Fiesta —politización, débil gobernanza, pérdida de relevo generacional, exceso de comercialización y consumo de licor, entre otros riesgos identificados por los propios sonsoneños— sino que traza cuatro ejes de trabajo con programas y proyectos puntuales que, según el plan, deberían empezar a moverse ya.
Una nueva gobernanza para no depender del alcalde de turno
El primer eje, «Sistema de gestión de la Fiesta del Maíz», es quizás el más urgente para la comunidad portadora, que ve con preocupación que la organización del evento quede sujeta a la voluntad política de cada administración. La propuesta plantea crear una entidad operadora mixta —tipo corporación o alianza— con 60% de participación comunitaria y cultural (Corporación Fiesta del Maíz, Sociedad de Mejoras Públicas, colonias, sector cultural local) y 40% del sector público (Alcaldía y Dirección de Cultura). Esta entidad tendría dos frentes de trabajo: uno dedicado a implementar el propio PES y otro a la gestión anual de la Fiesta, articulados por una secretaría técnica que garantice memoria institucional entre una administración y otra.
Junto a esta estructura, el plan propone recuperar el espíritu de la antigua Junta Central, fortalecer la red de emprendedores, artesanos y prestadores turísticos vinculados al evento, y adoptar un modelo de gestión por procesos —manuales operativos, mapa de procesos, indicadores— que evite que cada versión de la Fiesta empiece de cero.
Que las nuevas generaciones se apropien de la Fiesta
El segundo eje busca revertir el bajo relevo generacional detectado en los talleres de diagnóstico. Entre las acciones previstas están la creación de semilleros de danza, teatro y literatura, y de músicas andinas y campesinas, así como una cátedra municipal de historia, patrimonio y arte que se integraría a las áreas de ciencias sociales y artísticas en los colegios. También se plantea un programa municipal de estímulos a la creación artística ligada a la Fiesta y una estrategia de divulgación y apropiación social a través de medios, pensada para llegar tanto a quienes viven en Sonsón como a las colonias que hoy participan cada vez menos.
Volver a sembrar el maíz que le da nombre a la Fiesta
El tercer eje aborda una contradicción que la propia comunidad señaló en los talleres: la Fiesta lleva el nombre del maíz, pero el cultivo ha perdido terreno frente a otros productos como el aguacate. El plan propone investigar y rescatar semillas nativas y saberes ancestrales de siembra, crear incentivos para sembrar maíz nativo en huertas urbanas y fincas rurales, y montar un laboratorio de cocinas y productos artesanales del maíz. A esto se suma la creación de una «escuela taller» para transmitir oficios en riesgo —talabartería, cestería, herrería, arriería, confección de trajes típicos— y un reconocimiento anual a portadores y sabedores de la Fiesta.
Proteger lo que ya existe: archivos, objetos y edificios patrimoniales
El cuarto eje se concentra en el patrimonio material asociado a la manifestación. Contempla fortalecer el archivo histórico, documental y audiovisual de la Fiesta, hacer un inventario de los bienes muebles vinculados a ella y reactivar el Museo de la Fiesta del Maíz. En cuanto al patrimonio inmueble, propone dinamizar espacios como el Centro Histórico, el Club Aventino, la Casa de la Cultura y la Red de Museos como escenarios culturales activos durante todo el año, además de restaurar el Bien de Interés Cultural Casa Gregorio Gutiérrez González —lugar asociado al poema que inspira buena parte de la puesta en escena de la Fiesta— y elaborar un Manual de Gestión Integral que documente los rituales y oriente su salvaguardia.
¿Qué sigue?
El documento plantea que cada proyecto se desarrolle con cronograma a mínimo cinco años y presupuesto proyectado, y que su cumplimiento se verifique mediante indicadores de producto, resultado e impacto definidos para cada iniciativa. El reto ahora, según se desprende del propio plan, es que la institucionalidad y la comunidad portadora pasen de la formulación a la implementación: formalizar la nueva estructura de gobernanza, poner en marcha los primeros semilleros y programas de formación, y asegurar que la próxima Fiesta del Maíz —y las que vienen— cuenten con la organización, la financiación y el respaldo comunitario que el propio PES identifica como condición para que la manifestación no pierda su esencia.