Fue el hombre orquesta de la cultura aguadeña y quien mejor le cantó a su pueblo: la obra de Aníbal Valencia Ospina vuelve a las bibliotecas.

Mario Londoño Ospina, primo del artista e historiador Aníbal Valencia Ospina, prepara la segunda edición de Las Aventuras del Putas de Aguadas, la obra cumbre del escritor aguadeño, considerada única en su género dentro de la literatura colombiana por estar escrita íntegramente en verso mitológico.

Un hombre para todas las artes

Nacido en Aguadas el 14 de marzo de 1938, hijo de Adolfo Valencia y Débora Ospina, Valencia Ospina desarrolló una carrera que abarcó la pintura, la escritura, el periodismo, la escultura, la docencia y la gestión cultural. Un periodista de la época lo describió alguna vez como una verdadera «caja de Pandora andante», en alusión a la amplitud de sus talentos.

Su vínculo con el periodismo comenzó en 1969, cuando impulsó el periódico mural «Tribuna Estudiantil» en el Colegio Francisco Montoya, publicación que circuló durante tres años. Más adelante dirigió el periódico «Aguadas», órgano de Fundesa, y «Cultura y Civismo en marcha», de la Casa de la Cultura Francisco Giraldo, entidad que dirigió durante 21 años, entre 1980 y 2001.

Como escritor dejó, entre otros títulos, Manizales de ayer, de hoy y de siempre (1976), El espíritu creativo del niño, frente a posibles conductas negativas (1979, en coautoría con Diva Misas Hurtado), la Monografía de Aguadas (1983) —publicada con motivo de los 175 años de fundación del municipio— y la recopilación inédita Letras y Brumas (1984).

El gestor detrás de las tradiciones aguadeñas

Valencia Ospina fue también artífice de buena parte del entramado cultural y cívico de Aguadas. Junto a un grupo de ciudadanos, entre ellos Jorge Iván López Ríos, Iván Gil Ramírez, Jaime Valencia Restrepo, Iván Darío Gómez Estrada y los doctores Joaquín Peñalosa Peña y Álvaro Vargas Vélez, fundó el Club de Leones, organización reconocida por su trabajo social con las poblaciones más vulnerables del municipio.

Fue el ideólogo de «La Gran Orden del Sombrero Aguadeño» (1980), la máxima condecoración que la ciudad otorga a sus hijos ilustres, y del Festival Nacional del Pasillo Colombiano (1990), en homenaje a los hermanos Hernández. También impulsó, junto a Javier Ocampo López, Libardo Flórez Montoya, Raúl Toro Carvajal y Francisco Franco Valencia, el Encuentro de Escritores Aguadeños, certamen literario que desde 1996 se realiza cada dos años.

Una obra pictórica de más de un siglo de piezas

Como pintor y escultor, Valencia Ospina dejó un legado de más de 110 obras entre pinturas, murales, esculturas y afiches, buena parte de las cuales reposa hoy en la Casa de la Cultura de Aguadas. Entre sus series más recordadas está «Plumillas de Aguadas», un recuento en tinta china de los lugares emblemáticos del municipio entre los años treinta y cincuenta, realizado entre 1983 y 1989. También elaboró el «Viacrucis de las Manos», catorce piezas en madera que se conservan en la capilla del barrio Marino Gómez Estrada.

Sus murales pueden encontrarse en espacios como el Club Social Aguadas, el Liceo Claudina Múnera, la Hostería Olivares y la Escuela Normal Claudina Múnera, entre otros.

El legado que quedó en manos de su primo

Valencia Ospina murió en Manizales el 9 de septiembre de 2006, poco después de haber emprendido, junto a su primo Mario Londoño Ospina, la reorganización de la Sociedad de Mejoras Públicas de Aguadas. La iniciativa se concretó sin su presencia: la Sociedad comenzó a operar en 2007, de la mano de Elsy Marulanda Rincón, Grecia Franco Ospina y María Doralba Arias Orozco.

Fue precisamente Londoño Ospina quien, como admirador y guardián de la obra de su primo, asumió la tarea de recopilar y ordenar sus escritos y pinturas. El resultado, tras nueve años de trabajo, fue la publicación en diciembre de 2015 de Aníbal Valencia Ospina, su vida, su obra, complementada con Cultura Aguadeña, su historia, sus personajes, sus instituciones.

Según explicó Londoño Ospina, integrante de la Sociedad de Mejoras Públicas y creador del espacio digital «El Chat de la Aguadeñidad», Las Aventuras del Putas de Aguadas reúne 282 páginas escritas enteramente en verso, centradas en la colonización antioqueña y el fenómeno de la arriería en la región. Londoño Ospina precisó que fue su primo quien diagramó y escribió la obra, mientras que su papel se limitó a editarla y compilarla para su publicación.

De acuerdo con Londoño Ospina, Valencia Ospina distinguía dos sentidos en la figura del «Putas de Aguadas»: uno histórico, ligado a los arrieros que recorrieron pueblos de Antioquia, Caldas, el suroeste del Tolima y el Valle del Cauca transportando el comercio del país, y otro simbólico, referido a quienes se destacaron por hacer lo que otros no lograban.

La nueva edición del libro estará disponible en bibliotecas en un plazo aproximado de tres meses, según anunció Londoño Ospina, quien resaltó que la obra sigue siendo una de las pocas en la literatura mundial escrita bajo la técnica del verso rítmico y mitológico.

Londoño Ospina ubica a Las Aventuras del Putas de Aguadas dentro de una tradición literaria muy poco frecuente a nivel mundial: la del relato extenso narrado enteramente en verso épico, un género que a lo largo de la historia solo cuentan con contadas obras de referencia, como la Ilíada y la Odisea de Homero, el Martín Fierro de José Hernández en Argentina, o el Cantar del Mío Cid en España.

Un cronista con memoria fotográfica

Quienes lo conocieron destacan que Valencia Ospina tenía un dominio casi enciclopédico de la historia de su tierra natal y la capacidad de cautivar a quien lo escuchara narrar un episodio del pasado aguadeño. Se dice que podía dibujar de memoria, incluso con los ojos vendados, la panorámica completa de Aguadas, gracias a lo que allegados describieron como una memoria fotográfica.

Su hermano, Alonso Valencia Ospina, heredó también la vena artística de la familia como reconocido artista empírico del repujado en tarjetas y pergaminos.

Casi dos décadas después de su muerte, la figura de Aníbal Valencia Ospina sigue siendo, para Aguadas, sinónimo de identidad cultural y memoria histórica: el hombre orquesta de la cultura aguadeña y quien, como pocos, supo cantarle a su pueblo.

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