El dolor de no tenerte

 Ahora comprendo por qué te fuiste
 dejando del jardín la rosa tierna,
 indefensa, doliente la dejaste
 como quien causa una honda pena.
  
 Te marchaste a buscar el infinito,
 al más allá para implorar consuelo
 para quienes con el corazón marchito
 invaden con lágrimas el riachuelo.
  
 La muerte amiga te llevó al infinito
 como en un sueño de ángeles y querubines
 que bajaron desde el firmamento
 en una procesión con serafines.
  
 Misión cumplida aquí en la tierra
 se complementa con la vida eterna,
 apagando tu luz ¡Oh Madre Buena!

Con admiración y respeto, Anamerce Marto.

Lea también: Cultivar la tierra, arte magistral

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