Levanta, pues, tu mirada hacia el cielo

4. Si gustaras y rumiaras estas cosas y las hicieras penetrar en los más profundo del corazón, ¿Cómo osarías quejarte aunque fuera una sola vez? ¿No es verdad que se deben sobrellevar todas las penas para alcanzar la vida eterna? Porque ganar o perder el reino de Dios no es un asunto de poca importancia.

Levanta, pues, tu mirada hacia el cielo. Aquí estoy yo, rodeado de todos los santos que sostuvieron continuos y grandes combates en el mundo. Ahora ellos están en la gloria y, siempre serenos y seguros, descansan en paz y estarán eternamente conmigo en el reino de mi Padre.

Lea también: Aunque sea pesado, todo hay que sufrirlo para conseguir la vida eterna

Fuente: Tomas de Kempis. La Imitación de Cristo. Edición Paulinas.

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