No es puro ni es perfecto lo que va mezclado con interés propio

2. Hijo, el fuego arde fácilmente, pero la llama no sube sin humo. De la misma manera suben hacia el cielo los anhelos de algunos, sin estar libres de la tentación de apego a las cosas materiales y aun lo que tan insistentemente piden a Dios no lo hacen exclusivamente por la gloria de Dios.

Con frecuencia así sucede también con tu deseo, porque le agregas algún detalle muy inoportuno: no es puro ni es perfecto lo que va mezclado con interés propio.

Lea también: Capítulo 49|El deseo de la vida eterna y los bienes prometidos a los que luchan

Fuente: Tomas de Kempis. La Imitación de Cristo. Edición Paulinas.

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