Dichoso el espíritu, bienaventurada el alma que merece recibir con devoción al Señor su Dios
4. ¡Qué maravillosa condescendencia hacia nosotros es la tuya, Señor Dios, creador y vivificador de todos los espíritus, porque te rebajaste a descender a una pobre alma saciando su hambre…